Durante décadas, la deuda ha sido presentada como algo que debe evitarse. Sin embargo, en el mundo de la inversión, no toda deuda es igual. La diferencia clave —popularizada por referentes como Robert Kiyosaki, exitoso empresario y autor del famoso libro "Padre Rico, Padre Pobre"— no está en si se debe o no, sino en para qué se utiliza la deuda y qué impacto tiene sobre el flujo de caja y el patrimonio en el largo plazo.
Una mala deuda es aquella que financia consumo: bienes que se deprecian, gastos corrientes o decisiones que no generan ingresos. En cambio, una buena deuda es la que se utiliza para adquirir activos que producen renta, se valorizan con el tiempo y permiten que un tercero —como un arrendatario— pague el crédito. En ese escenario, la deuda deja de ser una carga y pasa a ser una herramienta de apalancamiento.

Photo: Robert Kiyosaki
El mercado inmobiliario de Miami reúne condiciones especialmente atractivas para este tipo de estrategia: alta demanda de arriendo, ingresos en dólares, fuerte atractivo internacional y un sistema financiero que permite a inversionistas extranjeros acceder con facilidad a financiamiento a tasa fija y a 30 años. Por eso, es habitual que las inversiones se estructuren con foco en que el ingreso por arriendo ayude a pagar el crédito, reduciendo el esfuerzo financiero del propietario.
A esto se suman ventajas estructurales difíciles de replicar en otros mercados: seguridad jurídica, reglas tributarias claras y la posibilidad de invertir a través de vehículos como una LLC, que permiten separar riesgos, optimizar impuestos y proteger el patrimonio personal. En este contexto, la deuda bien utilizada no solo es viable, sino estratégicamente eficiente.
Entender cuándo una deuda es buena no es una teoría financiera, es una decisión práctica. Si estás evaluando invertir en Miami y quieres conocer alternativas de propiedades que pueden ayudarte a ampliar tu patrimonio, conversemos.
Mientras muchos miran hacia Miami, Fort Lauderdale está escribiendo su propia historia de transformación silenciosa… pero contundente. Con más de $3.000 millones en proyectos en desarrollo, esta ciudad costera se posiciona como uno de los focos de mayor proyección para los inversionistas que buscan adelantarse al mercado. Uno de los motores clave es FAT Village (Flagler + Arts + Technology), un ambicioso proyecto urbano que transformará un antiguo sector industrial en el nuevo distrito creativo de Fort Lauderdale....
